Sobre la mesa del fondo
-¿Si pudieses elegir una persona con la que pelear ahora mismo, viva o muerta, a quiĆ©n elegirĆas?
-No me gusta pelear.
-Tragedia.
-Estoy en la cama a punto de dejar el móvil y acostarme, algo cachonda. Ahora mismo follarĆa, un poco salvajemente si te sirve.
-Te imagino mirando hacia arriba en la cama, tranquila, y a mà entrando en tu habitación y sentÔndome sobre tu cintura, sin apoyarme. Mi pecho contra tu pecho, mi cara recorriendo tu pelo, oliéndolo, bajando poco a poco, respirÔndote en el cuello, haciéndote notar lo dura que la tengo encima de tus bragas, aún por quitar.
Te comerĆa las tetas, posiblemente: lamerĆa tu cuello y bajarĆa, me molestarĆa la camiseta, la lanzarĆa -el sujetador es cosa tuya, como siempre- y llegarĆa a los pechos, -tĆ©cnicamente sólo a uno, el izquierdo, mientras acariciarĆa tu pezón derecho con mi respectiva mano-, me arquearĆa sobre ti y te bajarĆa la mano al coƱo. Y volverĆa a hacer notar mi polla. Cachondos los dos, sin pensar en nada; y sin embargo libres, animales por unos instantes.
BajarĆa la cabeza oliendo poco a poco, con los ojos cerrados, acercĆ”ndome a tu olor mĆ”s Ćntimo. Somos animales, y no hay forma mĆ”s animal de poseer a una persona que olerla. Te bajarĆa las bragas, fuerte, de un tirón; te pasarĆa la lengua sutil y sin pausa, un par de pasadas; me bajarĆas los pantalones a medio poner y pararĆas por el jodido botón del tejano mientras yo seguirĆa cautivo en tus pechos, en su textura lisa y su agarre perfecto, sin ser esponjoso ni excesivamente duro.
Dentro. Con fuerza. "Oh" -dirĆa el primer gemido- ¿Demasiado fuerte? No hay fuerza. No la hay. Somos. Hacia delante y hacia atrĆ”s asĆncronamente. No hay que caer en la rutina, en ningĆŗn lado. Y menos en el sexo.
Y seguirĆa, seguirĆas, seguirĆamos. Ah, nos encanta. GirarĆas para ponerte a cuatro patas sobre el mueble del fondo. Te cogerĆa por la cintura, apretando, haciĆ©ndote daƱo sin que me importase hacerte daƱo, sin que te importase que no me importase -somos animales preservando la especie, sólo eso, y nos encanta dejar de ser humanos- lo harĆamos fuerte.
DejarĆas de apoyarte con las manos sobre el escritorio rendida de placer sobre ella, donde tus pechos aplastados encajarĆan el movimiento de vaivĆ©n de mi cintura durante cinco, diez, veinte minutos hasta correrme. Y gemirĆas. No es tu primer orgasmo, aunque ya en tu sospecha que no iba ser el Ćŗltimo que tendrĆas conmigo, y simplemente nos rendirĆamos. CaĆdos sobre la mesa.
Te abrazazarĆa por la espalda y volverĆa a sentir tu pecho. Y tĆŗ volverĆas a sentir mi polla. La noche es larga y tĆŗ aĆŗn no has estado encima.
-¿QuĆ© coƱo se contesta a todo eso?
-Gandhi, yo supongo que me pelearĆa con Gandhi.
