Buen viaje
Ay, la estación,
como la odio y como la amo,
ella me acerca a aquello que me importa,
y ella misma me lo quita.
Perdona que profane tus palabras, ¿vale?
Sé que eran más bellas, incluso rimaban, y me ha dolido no apuntarlas,
pero quiero recordarlas como pueda,
como puedo recordarte a ti,
de una forma lejana, borrosa, esperpéntica,
de una forma profunda,
como un rumor que recorre mi mente,
y a veces me sorprende, ¿sabes? Que seamos tan distintos,
siempre hablo del instinto, pero tú eres instinto,
eres el aire que hay en tus pulmones, el ya,
¿Y qué más dan el aire respirado y el que queda por respirar?
¡Ya! Simplemente ya. Y así me agobias, me cansas,
y en parte me enseñas, me liberas,
coges las cadenas de la razón y las golpeas entre sí,
y a veces duele, y no logro entenderlo, pero tú,
tú me enseñas a comer si tengo ganas de comer,
a beber si tengo ganas de beber, a follar si tengo ganas de follar,
a reír si tengo ganas de reír, y en definitiva,
a tener ganas de vivir si lo que quiero es vivir.
A veces no lo entiendo, pero te da igual,
nunca me has fallado cuando llamo,
nunca me han faltado un insulto ni un amigo
con el que ir al parque, a las telarañas,
nunca me has fallado tú, ni estando lejos,
porque siempre te marchas con un hasta pronto,
y ya no lloramos, aunque pasarán años,
nos hacemos viejos, y en parte te debo mis sueños,
te debo cien bolívares y algún que otro condón
que no pienso devolverte,
te debo un viaje de ida, un paseo en triciclo,
muchas cosas pendientes,
pero nunca, y no me duele decir nunca,
me prestarás tu amistad sin que yo te la devuelva.
Buen viaje, marinero,
buen viaje.
