Bukowski
Otra noche con los ojos secos, el alma en llamas, fuegoque arde en preguntas de ¿por quĆ©? ¿Por quĆ© coƱo seguir vivo
y no pegarse un tiro para por fin dejar de respirar
con los pulmones llenos de serrĆn, el corazón lleno de angustia
y los riƱones en su jugo, beodos de sangre sin destilar?
Una buena velada, desde luego, hace calor y huele a azufre,
que descubre la vulgar necesidad de matar, beber, follar, morirse
y ahogarse en un caldero de truenos y gasolina. Y el olor,
casi erótico, hierÔtico placer dormido que me atrapa y me transporta
para hacer el amor entre caricias de un coƱo que en diez aƱos sabrƔ a viejo.
Pero somos asĆ, ¿verdad? HabrĆ” que aceptarnos como somos, idiotas,
temerosos de una vida que nos muestra incapaces, impotentes, destinados
a morir y a ver morir sin el consuelo de encontrarnos con un Dios
que nos de la vida eterna y nos permita usarla, de nuevo, en no hacer nada,
e invertir cada segundo respirado en repetir y repetir una misma rutina
hasta que, por fin, llegue el dĆa en que la eternidad del amor verdadero se vuelva efĆmera,
y nos pudramos, o se pudra el cuerpo ante una mente ya caduca, y poder decir,
tras suspirar, con tono amargo: ¡QuĆ© corta es la vida!
Menudo desperdicio, veo ahora, mientras fĆŗndome en caladas con mis versos
y el anhelo de un whisky que no cueste lo que cobra el desamor por hora.
Suspiros, y bostezos, y sudor, ¿y el amor? Tanto entiendo de la vida ¿y del amor? Nada.
¿Acaso es necesario renunciar a una libertad a cambio de... quĆ©? ¿De sexo?
Ya no somos animales buscando perpetuar la especie, somos la evolución, el desarrollo,
la perfección como simple masturbación, la autodestrucción como respuesta. ¿Y el dolor?
Dime, o mejor piensa, ¿no es, a caso, el dolor nuestra forma de entender las relaciones
que se miden en dependencia, llantos y nostƔlgia? Y ahora me desmiente aquel enamorado
cuando sabe, que de tantas formas de amar, sólo la que hace sufrir es la verdadera.
¿Y quĆ© nos queda? Insomnios, nostĆ”lgias y descartes.
Nadie que escriba algo que merezca la pena puede escribir en paz.
