Solo
Solo, solo ante la noche,
ante la noche eterna y muerta sin el abrigo de tu piel,
sin poder acariciarla, ni besarla, ni besarte,
ni acariciarte: Por eso acaricio el papel,
y escribo en él lo que querría susurrarte a los oidos,
y mis dedos, corrompidos, se deslizan sobre el folio,
confundidos, pues de nuevo, confunden la blancura con tu piel.
Solo, solo ante un poema,
ante un poema eterno, que aún no ha sido escrito,
y que nunca acabará de estarlo, porque cuenta nuestra historia,
y a nuestra historia, ponerle punto, sería un delito.
Solo, solo ante el tiempo,
tiempo que podría ser nuestro, por eso escribo,
para que lo leas con mi voz y estar contigo,
aun sin estarlo, aunque lo estoy,
escribo con el alma para llegar a la tuya y erizarte el vello,
y que sientas en tu piel la poesía, nuestra poesía,
y acariciarte en un engaño a la distancia.
Solo, solo ante la espera,
espera de que la soledad sea de uno solo,
y uno solo seamos dos.
